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Canada 2012 - Gilles Villeneuve Circuit

CFA in Gilles Villeneuve circuit

Crónica del GRAN PREMIO DE CANADA, celebrado en Montreal, del 8 al 10 de junio de 2012

Como viene siendo costumbre desde hace años, la carrera de Formula 1 de Canadá, que se celebra en el circuito Gilles Villeneuve de Montreal constituye la reunión anual más numerosa de miembros de la Cato's Forecasters Association (CFA), nuestra ilustre asociación.

Este año conseguimos reunirnos en la bella ciudad québécois hasta un total de ocho miembros, llegados desde puntos tan dispares como México D.F. (Fernando y Ricky), Madrid (Manbos y Santi) o Calgary (Tim), sin olvidarnos de los fieles "torontianos" Uwe, Lou y Cato. A todos ellos, aunque sin pertenencia oficial al grupo CFA, se unieron también una parte del "clan Rulli", integrado por Jesse y Mike, hermano y sobrino de Lou respectivamente, y Ben, amigo de Mike.

La numerosa representación del grupo que partía desde Toronto, obligó a realizar el viaje hasta Montreal en dos autos, por lo que en uno de ellos partió el "clan Rulli" al completo y en otro lo hicimos Uwe, Cato, Manbos y yo.

Aunque partimos a horas diferentes, poco después de desviarnos de la highway principal nos reunimos en un área de descanso ubicada junto a la carretera que bordea el río San Lorenzo, en el lugar conocido como "Las mil islas". Tras los saludos correspondientes y las oportunas presentaciones, almorzamos juntos en aquel tranquilo paraje y realizamos un brindis en lo que suponía la inauguración oficial de nuestro particular Gran Premio de Canadá 2012.

Tras el almuerzo, y antes de llegar a nuestro destino final, acordamos realizar una de las obligadas paradas previas a Montreal en el Karting Saint Zotique. En esta divertida pista, tuvimos la ocasión de disfrutar de dos sesiones de velocidad, petardeo de motores y olor a goma quemada, digno preludio del fin de semana que nos esperaba.

Aunque nos entregaron nuestras respectivas hojas de tiempos, la deshonrosa actuación de la representación española me ha hecho olvidar la clasificación final y tan solo queda en mi recuerdo la excitante sensación de velocidad que se siente sobre estos pequeños artilugios rodando prácticamente sentado sobre la pista, así como el fuerte golpe que sufrió nuestro querido Cato, al que la confianza en su hábil manejo, le hizo olvidar las carencias técnicas de su ocasional vehículo, dejándole en sus costillas un desagradable recuerdo de su paso por esta divertida pista.

Ya recuperado nuestro nivel normal de adrenalina, nos dirigimos rumbo al hotel de Montreal, lo que nos llevó su tiempo, pues a los despistes normales en un lugar poco conocido, se sumó un enorme atasco que hizo un tanto pesado el último tramo de nuestro desplazamiento.

Una vez en hotel, y tras refrescarnos un poco después del largo viaje (poco más de 540 kilómetros separan Toronto de Montreal), nos reunimos con el resto de los miembros del grupo que habían llegado hasta allí desde distintos lugares. Nos encontramos con Tim y con Fernando y Ricky, a los que acompañaban sus esposas, Adriana y Claudia.

Realizados los oportunos saludos y presentaciones, decidimos salir rumbo a otro de los destinos ya clásicos del fin de semana de carrera: la cena en Bottega Pizzeria. Ubicado en una zona muy animada de la ciudad, tiene la ventaja de encontrarse junto a una de las calles que con motivo del gran premio se convierte prácticamente en peatonal, ya que a ella tan solo tienen acceso llamativos y potentes autos actuales u originales autos clásicos y de colección. Un auténtico espectáculo del motor.

El sábado por la mañana, nos dirigimos al circuito, no sin antes habernos aprovisionado de bebidas y bocadillos. Tras aparcar nuestro auto, tomamos el metro para llegar hasta el circuito. Conviene recordar que el circuito se encuentra situado en la Île de Notre-Dame (isla artificialmente formada por la tierra proveniente de la construcción del metro de la ciudad), en el centro de la ciudad, por lo que su acceso resulta muy cómodo. Saliendo de la estación del metro, poco más de un kilómetro nos separaba de nuestros asientos, si bien el recorrido, tras atravesar el puente sobre el río San Lorenzo, transcurre por un bonito parque natural, lo que convierte la caminata en un agradable paseo.

Ya en la grada, pudimos disfrutar del espléndido ambiente que se suele respirar en este magnífico circuito. Sentados en nuestros asientos de la tribuna 11, ubicada frente a la línea de salida y sobre la curva Senna, lo que permite una perfecta visión de las dos primeras curvas, así como de la salida de talleres; nuestros técnicos, Manbos y Cato, nos manifestaron su desagradable sorpresa al ver que la anunciada comunicación inalámbrica del circuito estaba colapsada, por lo que sus avanzados aparatos electrónicos no recibían señal de conexión alguna.

Antes del inicio de las tandas clasificatorias, Cato procedió a poner en práctica otro de los clásicos: la apuesta sobre los tres primeros clasificados. Recurriendo a la tecnología clásica, lápiz y papel, fue recogiendo los pronósticos de todos y cada uno de los asistentes, previa entrega de 10 CAN$ cash, que, ante la inquietud de algunos de los presentes, quedaron bajo su custodia temporal.

Asistimos a las tandas clasificatorias, con la única información que nos brindaba un panel situado frente a nuestra tribuna, no sin cómicamente comentar que en esta ocasión que nos encontrábamos "a pie de pista" teníamos mucha menos información que cuando estamos a miles de kilómetros sentados tranquilamente en nuestras casas. No obstante, el ambiente, el impresionante rugido de los motores y, por qué no decirlo, las cervezas que circulaban velozmente de mano en mano, hicieron olvidar pronto nuestras inoportunas carencias técnicas.

Finalizadas las tandas clasificatorias (Vettel, Hamilton, Alonso..., por si a alguien pudiera interesarle), no hubo acertante, por lo que la asignación del premio de las apuestas quedó en suspenso hasta la celebración de la carrera; buscamos la sombra para almorzar y recuperar fuerzas de cara a asistir a alguna de las pruebas locales que se anunciaban en el programa.

Después de presenciar desde la tribuna unas cuantas vueltas de una carrera de F-1600 y otra de turismo locales, decidimos marcharnos al hotel para refrescarnos después de aquel caluroso día, no sin antes detenernos a contemplar el paso de los Ferrari 458 participantes en la Ferrari Challenge 2012 por algunas de las curvas de este interesante circuito. Ante la trazada poco ortodoxa de alguno de los participantes, alguien del grupo manifestó que no se merecían estar al volante de aquellos preciosos bólidos. Ante ese comentario, Manbos y yo nos quedamos un tanto sorprendidos, llegando a la conclusión de que cualquiera de nosotros, siempre que la situación económica nos lo permitiera, no dudaríamos en estar rodando sobre la pista sin pararnos a considerar ni un solo instante nuestra técnica a la hora de pilotar.

Ya en el hotel, y con Cato escribiendo su puntual crónica para todos aquellos miembros que no habían compartido con nosotros la suerte de ver la calificación "en vivo", decidimos volver a reunirnos al día siguiente ya en el circuito, pues los intereses de cada uno en aquella tarde diferían mucho. Mientras unos pensaban ir a ver por televisión lo que prometía ser un interesante partido de hockey sobre hielo, otros pensamos que resultaría más interesante cenar en alguno de los bonitos restaurantes de la zona antigua de Montreal.

El domingo accedimos al circuito de idéntica forma que el día anterior. Al llegar a nuestros asientos, quedamos sorprendidos por el espectacular ambiente que reinaba en los alrededores de la pista, así como del impresionante y variado colorido que presentaban sus abarrotadas gradas. A pesar de que el calor era más intenso que en la jornada anterior, no parecía que nadie estuviera dispuesto a perderse la carrera por ese motivo, máxime cuando éste podía combatirse con una buena colección de cervezas frías.

Con la salida a pista de los primeros monoplazas, unos con el objetivo de realizar sus últimos ajustes previos a la carrera, otros para situarse en sus posiciones sobre la parrilla de salida, el enfervorizado rugido de las gradas llegaba por momentos a superar al de los potentes motores en la pista.

A escasos minutos del comienzo de la vuelta de calentamiento (¿?), se produjo un profundo silencio en el circuito, mientras todo el mundo respetuosamente en pie escuchaba la interpretación del himno nacional canadiense. El punto final del himno lo pusieron dos cazas militares que, con su atronador rugido en una pasada rasante, encendieron de nuevo la enorme animación en la grada.

Una vez que los monoplazas se situaron en la parrilla de salida, se hizo un breve silencio, que tan solo duró el tiempo que tardaron en apagarse los semáforos rojos, lo que supuso el inicio de la carrera y la vuelta al rugido en las gradas. Vettel, aprovechando la ventaja de su pole se hizo con los mandos de la carrera hasta que... (lo que aquí sigue, ya hemos tenido ocasión de leerlo en diferentes publicaciones).

Tan solo destacar, que nuestro fucking Massa, quiso hacernos una demostración más de su reconocida habilidad y nos obsequió con un trompo completo ante nuestra grada, lo que le hizo perder siete posiciones ¡Qué gran tipo este Massa, sacrificando todas sus aspiraciones de victoria en la carrera por brindarnos un espectacular trompo!

Vettel, Alonso y Hamilton se fueron turnando en la cabeza de carrera, aunque finalmente el británico se mostró el más consistente y el más acertado estratégicamente con sus neumáticos, por lo que, tras una carrera magistral, se hizo con la victoria final. La emoción de las variaciones en cabeza y el seguimiento que hacíamos de los pilotos punteros, nos impidió apreciar la sólida carrera que realizaron Grosjean y Checo Pérez, quienes, tras una carrera impecable, acompañaron merecidamente a Hamilton en el podio.



El final de la carrera, como es costumbre en Montreal, supuso la invasión pacífica de la pista por gran parte del público, momento siempre aprovechado para tomarse unas fotografías sobre el asfalto como inequívoca muestra de haber estado presente en el evento.

Como no podía ser de otra manera, decidimos también sumarnos a aquella pacífica invasión, no sin antes despedirnos de Tim, que debía tomar urgentemente el avión para incorporarse a su trabajo a primera hora del lunes, y del "clan Rulli" que habían decidido regresar esa misma tarde a Toronto.

Tras un largo e interesante recorrido por la pista, en sentido opuesto al de carrera, tuvimos ocasión de fotografiarnos sobre la pista. Obligadas las tomas sobre la línea de salida junto al mítico Salut Gilles o al Muro de los Campeones, sobre el que durante años lució aquel famoso cartel de Bienvenue au Québec y del que los entendidos jocosamente comentan que solo hay dos tipos de pilotos en la F1: los que se dieron con él o... ¡los que se darán! También pudimos recoger trozos de la goma de los neumáticos esparcidos sobre el asfalto, visitar a corta distancia la línea de talleres y el parque cerrado con los monoplazas esperando sus verificaciones técnicas..., en fin, todo aquello que apasiona a los que compartimos esta loca afición.

Abandonamos el circuito y con ello pusimos punto final a lo que podríamos denominar la CFA Anual Meeting 2012, con la ilusión de poder volver a compartir en un futuro no muy lejano otra reunión tan agradable como la que habíamos tenido ocasión de compartir, si bien nos planteamos que la próxima podría celebrarse en esta parte del Atlántico ¿Quizá Silverstone 2013...? Dejemos volar libremente la ilusión...

Epílogo: Con la rapidez de las despedidas, nadie reparó en conocer quiénes habían sido los ganadores definitivos de la apuesta promovida por Cato. Al día siguiente, en el restaurante Chez Cora de Montreal y ante un suculento plato en el que sabiamente se combinaban huevos y frutas, desveló que los ganadores habían sido Lou (60 CAN$), Manbos (30 CAN$) y Santi (20 CAN$).

No sin antes de comunicar su victoria al ganador absoluto, que ya se encontraba trabajando en Toronto, y bromearle diciendo que estábamos desayunando con el importe de su premio; los españoles, en un alarde de chulería típicamente madrileña, decidimos emplear nuestro premio en pagar aquel delicioso desayuno, en lo que suponía el penúltimo acto oficial de aquel fin de semana, ya que el último lo constituyó la despedida a la representación mexicana, Fernando y Ricky, a los que pasamos a visitar al hotel, donde aún permanecían con sus esposas, antes de iniciar nuestro retorno a Toronto.

(En nuestro grupo privado de Facebook tenemos muchas fotos del evento).

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